Parque arqueológico de Torreparedones

HORARIO
Martes a domingo (y festivos): 10 h – 14 h
Acceso hasta las 13 h

CONTACTO
Carretera A-3125. Km 18
957 671 757 / 607 163 787

Parque arqueológico de Torreparedones

Ubicado en una colina que domina las vastas tierras de Jaén y Córdoba, el Parque Arqueológico de Torreparedones es un tesoro cultural declarado bien de interés cultural-Red de espacios culturales de Andalucía. Es un lugar fascinante para explorar las antiguas civilizaciones que dejaron su marca aquí a lo largo de los siglos.

Conocido como Torreparedones o Torre de las Vírgenes, este sitio se encuentra en el límite norte de los municipios de Castro del Río y Baena. Puedes llegar a él tomando la carretera A-3125 de Baena a Cañete de las Torres y, en el kilómetro 18, siguiendo un antiguo sendero conocido como «camino de Castro del Río a Porcuna», que te lleva al Parque Arqueológico de Torreparedones.

Torreparedones, a 579.60
metros sobre el nivel del
mar, es conocido como
el "techo de la Campiña"

Habitado durante 5.000 años desde finales del Neolítico (IV milenio a.C.) hasta la Baja Edad Media, varias culturas dejaron su huella a través de artefactos como cerámica, vidrio, piedra y metal. En su apogeo íbero y romano, estaba protegido por una muralla fortificada que albergaba una extensión de 10,5 hectáreas.

Hallazgos y elementos más significativos

Santuario íbero
Se localiza en el sector meridional de la ciudad, extramuros, y estuvo en uso durante varios siglos, desde el siglo III a.C. hasta finales del siglo II d.C. El edificio visitable correspponde a una reforma realizada en tiempos del emperador Claudio en la primera mitad del siglo I d.C. y consta de varias partes: rampa de acceso, vestíbulo, patio y cella donde se veneraba a la divinidad Dea Caelestis, sincretizada con Tanit, Juno y Salus. Su imagen era un betilo estiliforme, es decir, una columna sin basa y coronada con un capitel foliáceo. Un estudio arqueoastronómico ha planteado el llamado “milagro de la luz” basado en la incidencia del rayo del sol sobre el betilo en función del ciclo de las estaciones. Destaca el gran número de exvotos de piedra recuperados que representan tanto figuras humanas (la mayoría femeninas, algunas de ellas encinta), como partes del cuerpo (piernas).

Investigaciones posteriores en la zona próxima al centro de recepción de visitantes del parque arqueológico, han permitido descubrir una serie de exvotos con representaciones zoomorfas de équidos que apuntan a la más que probable existencia de un segundo lugar de culto ibero-romano, que debió estar dedicado a una divinidad protectora de estos animales.

Ciudad romana
El oppidum ibérico de Torreparedones se integró en la provincia romana de Hispania Ulterior desde que ésta se creó en el año 197 a.C. tras la conquista romana, denominándose Baetica a partir de la reforma del emperador Augusto, entre los años 15-13 a.C. Tras su rendición se convertiría en una ciudad estipendiaria o peregrina que debía pagar un tributo anual a Roma. Hacia el cambio de Era la ciudad había logrado un estatuto privilegiado con rango de colonia o municipio, y aunque no se tienen datos concluyentes de su nombre éste se debate entre la colonia Ituci Virtus Iulia y el municipio Bora que acuñó moneda en los siglos II-I a.C.

Parque arqueológico de Torreparedones

Durante todo el siglo I d.C. se llevó a cabo un notable desarrollo urbanístico del que empezamos a conocer algunos elementos como el foro con su gran plaza, de planta cuadrangular y unos 518 m2 pavimentada y con una inscripción monumental con litterae aureae que recuerda el nombre del evergeta responsable de la obra, Marco Junio Marcelo. En torno a ella se distribuyen los edificios más notables: templo dedicado al culto imperial, basílica jurídica, edícula de la Concordia, pórticos y curia. Sobresale la gran puerta oriental con dos grandes torres que defendían el acceso a la ciudad y también parte del viario interno documentado en la zona del foro.

También se han excavado el macellum o mercado público y tres edificios dedicados al baño, uno junto al foro, otro en el mismo lugar donde se ubica la ermita de las Vírgenes y, más recientemente, un tercer complejo termal próximo a la puerta oriental (termas de la Salud). Los restos escultóricos hallados en la plaza forense (un retrato de Claudio, un togado, una estatua femenina y un torso de escultura militar) constituyen una prueba evidente del culto imperial que los habitantes de esta ciudad rindieron a diversos miembros de la familia julio-claudia. De especial interés son las tres esculturas sedentes monumentales recuperadas en la curia, dos masculinas y una femenina que representan a Livia, divo Claudio y divo Augusto.

Otro gran descubrimiento ha sido el anfiteatro propio de aquellas urbes romanas más importantes, un edificio de espectáculos situado fuera de las murallas de la ciudad, que acogía las luchas de gladiadores, cacería de animales salvajes y la ejecución de los condenados a muerte.

Aldea medieval de Castro el Viejo
El castillo medieval de Castro el Viejo, que corona el punto más elevado del sitio, sería una obra cristiana de fines del siglo XIII o comienzos del siglo XIV, de la que destaca su gran torre del homenaje, un hito en el territorio visible a kilómetros de distancia debido a su elevada altitud. En torno a él existió una aldea del mismo nombre que quedaría deshabitada a mediados del siglo XVI. Y a la época moderna hay que asignar la Ermita de las Vírgenes que estuvo dedicada a dos santas mozárabes martirizadas a mediados del siglo IX, en tiempos de Abd-al-Rahman II, por defender su fe cristiana como describe Eulogio de Córdoba en su Memoriale Sanctorum.