Antigua villa romana situada en la Campiña de la Depresión del Guadalquivir, una región de gran fertilidad y abundancia.

Etimología

El nombre de Baena procede de Baius, nombre de un hacendado romano, que en la época árabe se transformó en Bayyana. A su vez, es la transcripción del nombre de una de las múltiples villas romanas que perviviría hasta la época visigoda y que en el siglo VII los invasores árabes-beréberes escogieron como lugar de asentamiento, fortificándola. En el término municipal de Baena abundan los restos ibero-romanos (Torreparedones, Izcar, cerro Minguillar, etc…)

Prehistoria y Edad Antigua

Son numerosos los testimonios arqueológicos que ponen de manifiesto el asentamiento humano en la zona desde tiempos prehistóricos, destacando los yacimientos procedentes de la Edad de los Metales, además del legado cultural dejado por los íberos, con numerosos hallazgos religioso-funerarios (Parque Arqueológico de Torreparedones), entre los que se encuentra la llamada Leona de Baena, conservada en el Museo Arqueológico Nacional. Esta escultura fue hallada en el cerro del Minguillar, donde se cree que se hallaba Iponoba, ciudad ibérica citada por Plinio el Viejo.

Parque arqueológico de Torreparedones

No está fehacientemente comprobado que los romanos distinguieran a este núcleo de población con la denominación de Julia Regia o Virtus Iulia por la ayuda que prestó a Julio César en la batalla de Munda contra los hijos de Pompeyo.

Posiblemente su ubicación actual también se deba a la civilización musulmana: Baena cambia su emplazamiento en un intento de hacer de ella una ciudad fuerte contra el enemigo y dotándola de la Almedina, en cuyo seno construyen el castillo, la mezquita (la última parte de esta se cree que podría ser el primer cuerpo de la iglesia de Santa Mª la Mayor) y a su alrededor una población formada por mandos del ejército y la nobleza lugareña.